Mensaje central: Pensamiento estratégico

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Mensaje central: Pensamiento estratégico

Como discípulos de Cristo, creemos que estamos llamados a pensar y vivir estratégicamente. Esto se debe a que el Dios al que servimos vive y trabaja estratégicamente. Cuanto más nos acercamos a Él y a Su forma de pensar, más estratégicos y enfocados nos volvemos. Dios piensa desde el final hasta el principio y desde lo macro hasta lo micro. El pensamiento estratégico es comenzar con el fin en mente (ver numerosas Escrituras, incluyendo Apocalipsis 13:8, que hace referencia al «Cordero que fue inmolado desde la creación del mundo»).

La tierra es nuestro campo de entrenamiento, no sólo para llevar a cabo las implicaciones de la alianza, sino para crecer en relación y madurez a medida que aprendemos a ser buenos administradores y gestores de sus recursos. ¡Para madurar de este modo, debemos pensar y vivir estratégicamente!

El pensamiento estratégico es la comprensión y la conciencia de uno mismo que le dan poder a lo que haces. Una cosa es hacer algo por accidente y otra muy distinta es ser consciente de lo que estás haciendo. La autoconsciencia añade un poder infinito a lo que haces. No puedes reproducir un accidente, pero una vez que te vuelves consciente de ti mismo y comprendes los mecanismos y los principios que hay detrás, puedes recrear intencionadamente el mismo fenómeno. Por eso debemos volvernos conscientes en nuestra manera de pensar.

El pensamiento estratégico es, en última instancia, la comprensión, el deseo y la capacidad de organizar y administrar recursos a lo largo del tiempo y llevar a cabo una tarea con eficacia. Eso es lo que Dios quiere para todas nuestras vidas y ministerios: enfocar nuestra fuerza vital de modo que movamos algo específico en una dirección planeada de antemano, y que esto produzca resultados anticipados y con propósito. ¡Eso es vida y ministerio efectivos! A través de este enfoque de energía y recursos, podemos lograr las metas que Dios ha establecido por medio del Espíritu.

La mente y el pensamiento de Dios son divinos y eternos. Juan 3:16 dice: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Las palabras «mundo» y «cosmos» provienen de la raíz komeo, que significa «cuidar en un orden establecido». Dios amó tanto ese orden establecido que ¿hizo qué? Nos dio a su Hijo único para que pudiéramos tener vida eterna. Cuando leemos esto, podríamos pensar que Dios sólo está hablando de salvar almas, pero Él está hablando de toda Su creación. Pablo nos muestra esto en Romanos 8 cuando dice «toda la creación gime y sufre dolores a una». El pecado estropeó toda la creación, incluyendo tanto al hombre como a la naturaleza. Como Dios ama cuidar y poner orden en Su creación, envió a Su Hijo a morir y devolvernos la capacidad de administrar todo lo que Él creó.

La planificación estratégica, si bien implica agendas, deberes, conceptos de alcance y secuencia, y ejercicios de ruta crítica, debería servirnos en última instancia para aclarar lo que es verdaderamente importante. A veces, los objetivos y las metas de logro personal para nuestras vidas o ministerios pueden ser contrarios a nuestro crecimiento en Cristo. Nuestros objetivos deben nacer en Dios, alinearse con nuestro destino divino, y ser impulsados por la fe en lugar de simples necesidades del ego o codicia materialista. Esta clarificación de valores no es un ejercicio de juegos psicológicos; nace a través de la práctica de hacer las preguntas correctas y tener regularmente un tiempo de reflexión y quietud ante Dios. A través del tiempo regular de reflexión y la práctica activa, podemos vivir una vida estratégica que aproveche y administre nuestro tiempo, talento y tesoro de una manera que lo glorifica a Él.

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