
Mensaje central destacado: Liderazgo transformacional
Un líder transformacional es alguien que ha sido y continúa siendo transformado personalmente a semejanza de Cristo y, a su vez, estimula la transformación en sus familias y comunidades. El mundo diría que el cambio se produce de arriba a abajo y de fuera hacia adentro. Nosotros creemos que el cambio comienza mejor con el individuo y fluye desde dentro hacia fuera. A medida que nos transformamos a nivel personal, se crea un efecto dominó que se extiende a las demás jurisdicciones.
A través del viaje transformador, nuestros motivos se vuelven más puros, y nuestro deseo de obedecer a Dios se convierte en nuestra prioridad. A través de la obediencia, podemos aprender a dominar las disciplinas del carácter y cultivar un amor genuino por los demás. Este es el proceso que nos capacita para dirigir los asuntos de Dios.
Debemos alejarnos de la estrecha definición de un líder como alguien que ostenta un determinado título o lugar de influencia y abrazar la realidad de que los líderes más eficaces son individuos que han pasado ellos mismos por una transformación personal y desean ver cómo esos cambios se reflejan en aquellos a los que dirigen. Todos somos líderes, básicamente de nosotros mismos a través del autogobierno, pero también de los demás si desempeñamos el papel de padre, director de empresa, anciano de iglesia, líder de equipo, etc.
Avanzar hacia la transformación es avanzar hacia Dios

La transformación genuina es holística, impulsada por las personas y conduce a los demás hacia Dios. La mayoría de los cambios orientados al ser humano nacen del deseo de una mayor “satisfacción” en algún área de la vida: más «libertad», más recursos, más poder, más reconocimiento, más de lo que me hace sentir mejor conmigo mismo. En contraste, la transformación bíblica está motivada por el deseo de obedecer a Dios y agradarle. Dios y Sus propósitos y placeres son el motor que impulsa nuestro deseo de cambio en lugar de la mera realización personal. El criterio de evaluación de Dios no se centra en «¿Cuánto?» (dinero, fama, poder), sino en «¿Por qué?» y «¿Para quién?».
Para guiar a otros hacia la transformación, tú mismo debes estar en transformación
Dios, el líder supremo, construye de manera relacional y actúa a través de las personas. Si los cristianos han de influir en la cultura, deben ser personas de sustancia con capacidad de cambio personal en virtud de la dependencia del poder transformador de Cristo. Ser verdaderamente sal y luz significa buscar la transformación conforme al criterio de Dios en cada etapa y circunstancia.
