
Cuidar el jardín
Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. —Génesis 2:15 (NASB)
¿Qué nos ha llamado a hacer Dios? La gran idea de Dios es cambiar el mundo un jardín a la vez. Jesús ha dado a cada creyente un área de influencia (su «jardín») y la capacidad de descubrir las verdades en las Escrituras que son relevantes para su cuidado. Si decenas de millones de creyentes entienden su jardín como su ámbito de ministerio, esta idea tiene el poder de cambiar el mundo. Dios es el supervisor del jardín que creó para cuidar Él mismo. Por lo tanto, ha dado a todos los seres humanos un jardín para que lo supervisen ellos mismos; esto nos permite imitar la labor que Él mismo se asignó y seguir Su propósito, modelo, carácter y capacidades.
Dios nos ha desplegado para cambiar un mundo caído mientras nos discípula para discipular a las naciones un jardín a la vez. Cuidar nuestros jardines es asociarse en el ministerio con Cristo. Sólo Su ministerio puede cambiar el mundo, y cuidar nuestros jardines es dejar que Cristo lo haga a través de nosotros. Jesús nos salvó para expandir Su vida y Su ministerio a través de nosotros.

Cuidar nuestros jardines añade realidad y contexto espiritual integral a las cosas que quizá ya estemos haciendo. Nuestra vida de oración y nuestros actos de bondad y amor hacia los demás se convierten en la medida estratégica de nuestra vida espiritual. El trabajo de Jesús se convierte en nuestro trabajo, y Su oficio y habilidades se convierten en nuestras habilidades. ¿Cómo? Mientras ministramos a otros, estamos permitiendo que el Espíritu Santo, las Escrituras, los hermanos y nuestras experiencias de vida nos cambien mientras cambiamos a otros. No es complicado; cada creyente tiene un jardín, y Jesús nos pide a cada uno que le permitamos entrar en nuestros jardines para trabajar con nosotros y a través de nosotros. Este es un ministerio de comunión con Cristo en el cual Él se revela a Sí mismo mientras trabajamos diariamente con Él en nuestro jardín compartido.
Cuidar nuestros jardines es el mandato espiritual de Dios que trae la voluntad de Su Reino a través de nosotros al «jardín» de relaciones que conforman nuestra vida. Esta es precisamente la razón por la que Jesús nos instruyó a «buscar primero el Reino de Dios» y a hacer del fundamento del Padre Nuestro nuestro propósito central: «Venga a nosotros Tu Reino, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo.» A través de nuestra «jardinería» (es decir, la oración, la interacción relacional, etc.), intercedemos y declaramos que los principios del Reino de Dios y Su voluntad sean liberados en nuestra esfera de autoridad dada por Dios.
Dios, en Su soberanía, te asignó a unos padres, una familia, un grupo étnico, una ubicación geográfica, una generación y una iglesia (1 Corintios 12:18). Tienes una autoridad única en esa herencia y ubicación. ¡Es tu jardín para cuidar!
