Mensaje central: La doble ciudadanía y el papel del cristiano en el compromiso político

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Mensaje central: La doble ciudadanía y el papel del cristiano en el compromiso político

Como discípulos de Cristo, vivimos como ciudadanos tanto de la tierra como del Reino de Dios. Este concepto crítico de doble ciudadanía conlleva enormes implicaciones para las acciones de los creyentes en la tierra. Somos ciudadanos en primer lugar del Reino de Dios, en segundo lugar de nuestras naciones; y desempeñamos un papel crucial en el cumplimiento de la oración de Mateo 6:10: «Venga a nosotros Tu Reino, hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.»

El relato de la creación en el Génesis revela que nuestro espíritu proviene de Dios y que fuimos creados para estar en comunión con nuestro Creador. Aunque nuestro cuerpo proviene de la tierra (Génesis 2:7), está diseñado para interactuar con el mundo que nos rodea. Cada uno de nosotros es un alma viviente que abarca dos reinos: el cielo y la tierra. La Biblia nos dice en Apocalipsis 1:6 que debemos servir como reyes (ciudadanos terrenales) y sacerdotes (ciudadanos celestiales). Esto significa que debemos tratar de vivir el Gran Mandamiento de Mateo 22:36-40 de «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón» y el segundo que es semejante a éste de «amarás a tu prójimo como a ti mismo», lo cual requiere tanto una vida personal ante Dios como una responsabilidad social con los que nos rodean.

Puede ser tentador centrarnos tanto en nuestra vida celestial que prestemos poca o parcial atención a nuestro papel terrenal. Esta táctica del enemigo está diseñada para distraernos hacia una mentalidad «dualista» en la que nuestro cristianismo se limita a los domingos, y los asuntos cotidianos de la vida se consideran temporales, aislados y corruptos. Este tipo de pensamiento puede permear cada área de nuestras vidas. Puede, por ejemplo, llevarnos a votar primero por afiliación a un partido político en particular, en lugar de hacerlos por los principios del Reino de Dios, o simplemente a no votar en absoluto.

Si bien los creyentes debemos actuar en primer lugar como ciudadanos del Reino de Dios, no podemos ignorar las realidades y responsabilidades que tenemos como miembros de nuestras respectivas naciones. El apóstol Pablo ofrece un excelente ejemplo de ello al usar cuidadosamente su ciudadanía romana para promover la causa de Cristo (Hechos 16, 22, 23). El privilegiado estatus político y legal que conllevaba su ciudadanía romana, lo protegió de un trato injusto y le daba acceso a protecciones legales, herramientas que, en última instancia, le ayudaron a difundir el mensaje del cristianismo.

Entonces, ¿qué significa actuar como ciudadanos con doble nacionalidad? Las Escrituras nos orientan sobre nuestras responsabilidades en ambos reinos. Debemos:

  1. Reconocer nuestra responsabilidad de permanecer conectados con el mundo, pero sin adoptar sus valores (1 Corintios 5:10-11; 1 Corintios 7:29-31; Romanos 12:2; 1 Juan 2:15-17; Juan 17:14, 19).
  2. Ser «sal y luz», viviendo el carácter y los valores de Cristo tanto personal como corporativamente (Mateo 5:13-16).
  3. Respetar y honrar la autoridad de Dios dentro de Su institución del gobierno civil (Romanos 13:17; 1 Pedro 2:11, 17; Mateo 22:21).
  4. Obedecer al gobierno civil a menos que exija desobediencia a Cristo (1 Pedro 2:13; Romanos 13:1-2, 5; Hechos 5:29).
  5. Orar por el gobierno civil (1 Timoteo 2:1-4)
  6. Cumplir con nuestros deberes civiles (como votar) y estar dispuestos a servir a nuestras comunidades (Tito 3:1)

Como miembros del Reino de Dios, nuestro papel permanente como ciudadanos duales, debería reflejarse con mayor claridad en nuestras comunidades. ¡Somos embajadores de Cristo con el privilegio de traer el Reino de Dios a la tierra aquí y ahora!

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